jueves, 7 de junio de 2012

la Conquista de América y Chile

LOS HOMBRES DE LA CONQUISTA AMERICANA.

Los conquistadores que llegaron a América venían de los más variados estratos sociales.
Entre ellos se podía encontrar desde los nobles con título hasta los grupos populares como plebeyos y villanos.
El grupo de los hidalgos (baja nobleza española) también tuvo una participación importante en la conquista de América, aunque en el caso de Chile sólo alcanzó alrededor de un 20% del contingente de los primeros años.
En cuanto a los nobles con título es posible afirmar que sólo participaron con raras excepciones y en cargos administrativos importantes.
El caso más conocido en Chile corresponde al de García Hurtado de Mendoza, que actuó como gobernador desde 1557 a 1561.
Con todo, el grupo de plebeyos y villanos constituyó el estamento mayoritario dentro de la empresa de conquista.
Se trataba de sujetos que no gozaban de una buena situación en España y esperaban lograr en la conquista de América una posibilidad de ascenso social y económico.
También participaron dentro de la conquista sacerdotes y juristas. Los sacerdotes que así lo hicieron no fueron muy numerosos, pero ejercieron un gran poder en razón de su carácter e investidura.
Los sacerdotes, además de cumplir con tareas propias del culto, desempeñaron cargos administrativos.
Aunque parezca curioso, también participaron en actividades comerciales y, además, en algunas ocasiones empuñaron las armas contra los indígenas.

PROCEDENCIA DE LOS CONQUISTADORES.

Los conquistadores españoles provenían mayoritariamente de las regiones del centro y sur de la Penínsular Ibérica, y en menor cantidad del norte y del este.
De este modo, predominaban en las huestes españolas los andaluces y castellanos. El predominio de los andaluces se debe a diversas razones, especialmente a su posición geográfica y a la presencia de los puertos de embarque.
Por otro lado, la crisis económica por la que atravesaban esas regiones impulsó a muchos de sus habitantes a elegir el camino de la emigración hacia nuevas tierras, aunque se tratase de una aventura.

ORGANIZACION DE LA CONQUISTA.

Las empresas de conquista se organizaron de acuerdo a las circunstancias de cada lugar.
Es así que no todos los grupos tuvieron las mismas características de constitución y financiamiento, así como también se diferenciaron de acuerdo a los objetivos que perseguían.
Hubo empresas que tuvieron por fin incorporar nuevos territorios. Estas son las más conocidas.
En ellas fue común que el capital lo aportase el jefe de la expedición, pero lo corriente era que este se asociase con otros individuos.
Las ganancias se repartían de acuerdo a los aportes de cada uno de manera proporcional.
También podía adoptarse el sistema en que el capitán sólo dirigía la expedición y otros socios proporcionaban el capital.
La conquista de Chile se financió de las dos maneras. El establecimiento definitivo se realizó con aportes de la Corona, a través del Virreinato del Perú.
De acuerdo a sus objetivos, las expediciones se pueden clasificar en:
a) EMPRESAS DE RESCATE: la intención era intercambiar con los indígenas chucherías por oro u otros objetos preciosos.
b) EMPRESAS DE INDIOS O CABALGADAS: el objetivo era apresar indios para venderlos como esclavos (eran necesarios como mano de obra, para el trabajo de las minas o para las actividades agrícolas).
c) EMPRESAS DE CONQUISTA: se trataba de acciones encaminadas a conquistar definitivamente un territorio, en nombre de la Corona.

EL CAPITAN Y SU HUESTE.
La conquista de América no fue realizada por un ejército profesional, sino más bien por grupos de particulares que se organizaron en forma independiente y recibieron de la Corona española el consentimiento para incorporar las nuevas tierras al dominio del rey de España.
La conquista, entonces, fue una empresa particular y más bien privada, en que el Estado intervino indirectamente.
El jefe conquistador era un particular que, en forma directa o indirecta, había recibido de la Corona autoridad y poder.
Por un lado, debía realizar la empresa por sí mismo (financiarla y organizarla). Sin embargo, su libertad no era total: debía ceñirse a las garantías que se le habían otorgado y a las instrucciones generales de la conquista. Comúnmente sus deberes y derechos quedaban establecidos en las CAPITULACIONES.
Dentro de este marco, el jefe conquistador tenía aún características señoriales: por ejemplo, la condición vitalicia y hereditaria del cargo, el derecho a levantar fortalezas y la realización de la empresa a sus propias expensas. Sin embargo, la monarquía retenía la soberanía y regulaba el proceso.
En las relaciones entre el capitán y su hueste pesaba, especialmente, la autoridad que éste gozaba, la que dependía de su prestigio y de sus títulos.
La palabra CAPITAN designaba en general a cualquier jefe de un destacamento más o menos numeroso, y en la práctica era el único tipo de oficial, a excepción del MAESTRE DE CAMPO, elegido por el jefe conquistador entre los soldados. Era el segundo al mando de la hueste.
No todos los territorios fueron conquistados por medio de capitulaciones, sino que muchos fueron conquistados por capitanes que habían adquirido poder en América y realizaron sus conquistas con autorización de otros jefes conquistadores, que ya habían sometido un territorio.
Un ejemplo de aquello es el caso de Pedro de Valdivia en Chile, que viene a nuestro territorio en calidad de Teniente Gobernador de Francisco Pizarro, conquistador del Perú.
Ante la inexistencia de un “sueldo”, los soldados esperaban conseguir beneficios en la empresa. Estos beneficios los otorgaba el capitán a sus oficiales y compañeros, de acuerdo a los méritos de cada uno.
El premio urbano era un “solar”, es decir, un cuarto de manzana donde debía construirse la vivienda del beneficiado. También se entregaban posesiones rurales para producir alimentos o criar ganado. Además, eran entregadas concesiones de minas de plata y oro. La necesidad de mano de obra, para explotar las tierras o las minas, hizo necesario recurrir a la fuerza de trabajo indígena. Así, otro de los premios concedidos fue la ENCOMIENDA DE INDIOS, a través de la cual se proveía de trabajadores indígenas al español conquistador que se hubiese destacado en el servicio a la Corona.

LAS MOTIVACIONES DEL CONQUISTADOR.

LUCHA POR LA RIQUEZA: el deseo de alcanzar una riqueza abundante e inmediata parece estar presente en todas las empresas de la conquista americana.
Es significativo que la conquista se consolidase más rápidamente en las regiones más ricas de México y Perú, en donde se formaron grandes centros de actividad económica, administración de gobierno y vida social del nuevo continente.
En cambio, la conquista fue más lenta en lugares pobres como nuestro país y faltó, casi por completo, en sectores poco atractivos económicamente tales como la Patagonia, Florida, Texas y otros.
El afán de riquezas quedó expuesto en las crónicas de Bartolomé de Las Casas y Fernández de Oviedo, que criticaron profundamente este desmesurado interés de los conquistadores.
ASPIRACIONES SEÑORIALES: fuesen hidalgos o villanos, los conquistadores soñaban con la vida señorial representada por las buenas rentas, el trabajo de los indios, la posesión de tierras, etc.
EL SERVICIO A DIOS Y AL REY: desde un primer momento la tarea evangelizadora preocupó a la corona española, pero la aplicación de esta tarea fue defectuosa. Se da una ambivalencia entre los principios de la religión y las aspiraciones materiales. El deseo de conseguir oro no fue contradictorio a la idea de evangelizar.
De esta manera, la conquista de un territorio significó también la evangelización de sus habitantes. Los españoles creían desempeñar una misión divina en su lucha contra los infieles.
Por otra parte, el servicio al Rey convenía a los conquistadores, pues la monarquía era dispensadora de todos los beneficios, tales como encomiendas, cargos públicos y otras regalías.
INDIVIDUALISMO Y GLORIA PERSONAL: la mentalidad de muchos de los conquistadores refleja un espíritu renacentista representado en el individualismo y el afán de éxito. En el caso particular de la conquista de Chile, esto se ve manifestado en las palabras de Valdivia al rey Carlos V, en que le expresa que su presencia en nuestro territorio se debe, en parte, a que desea “ dejar fama de sí”.

LA CONQUISTA Y LOS FOCOS DE EXPANSION.

La conquista de América fue una tarea de gran magnitud, que tardó años en concretarse. Ello porque se trataba de un continente desconocido y mucho más grande que el propio continente europeo.
De este modo, la conquista de América fue un proceso lento, que se realizó desde focos expansivos (frecuentemente ciudades recién fundadas) y se extendió gracias a los conocimientos geográficos que se fueron acumulando, a las informaciones dadas por los propios indígenas y, en gran medida, debido a las ansias de riquezas de los conquistadores.
El asentamiento inicial estuvo constituido en Las Antillas, territorio al cual había arribado Colón en su primer viaje.
En esta etapa, la fundación de ciudades jugó un papel trascendental. En ellas se fueron concentrando los españoles y se hicieron los ensayos generales para la ocupación del nuevo continente. Se ensayaron sistemas económicos, métodos de labranza y producción e incluso las funciones administrativas.
Desde las ciudades recién fundadas se fueron proyectando más adelante nuevas incursiones, que dieron por resultado el conocimiento paulatino de todo el continente.
Desde La Española se hicieron los primeros reconocimientos a las zonas vecinas tales como Cuba, Puerto Rico y Jamaica. Una vez conquistada Cuba, ésta se convirtió en una de las puertas de entrada al continente y en el lugar desde el cual zarparían una serie de expediciones que tendrían como resultado la ocupación de tierra firme.
Entre las últimas, se deben mencionar por su importancia las de Diego de Nicuesa y Alonso de Ojeda, que dieron por resultado el reconocimiento del istmo de Panamá, fundando la ciudad de Nuestra Señora de la Antigua del Darién, que se convertiría en otro de los focos expansivos.
Desde Cuba salió en 1519 la expedición de Hernán Cortés, que dio por resultado el descubrimiento y conquista del extraordinario Imperio Azteca.
El establecimiento de los españoles en Panamá permitió organizar desde allí otras expediciones. Una de ellas dio como fruto el descubrimiento y conquista del Perú. Esta importante empresa estuvo dirigida por Francisco Pizarro, quien había pasado a América en 1509. Lo acompañaron en su travesía, como socios, el cura Hernando de Luque y otro personaje relevante para la historia de Chile: Diego de Almagro.
Entre los años 1524 y 1525 se inicio una expedición terrestre, apoyada por embarcaciones que navegaban siguiendo la línea de costa. Tras difíciles experiencias, por el ataque de los indios, enfermedades y deserciones de los soldados, lograron percibir la magnitud de su hallazgo: el Imperio Inca.
De regreso a Panamá, Pizarro decidió partir a España con el fin de solicitar mejores condiciones para la conquista de las nuevas tierras. En 1531 se organizó la expedición definitiva, la que se apoderó primero de Tumbes y luego, en un movimiento rápido, de la zona de Cajamarca, en donde apresaron al soberano inca: Atahualpa (1532).
Se formó así una nueva avanzada en el corazón de América del Sur, desde la cual la conquista siguió su curso. En 1535 se fundó Lima y más tarde Arequipa, ciudades que, junto con el Cuzco, nutrieron las huestes de conquistadores que siguieron desplazándose por territorios aún desconocidos.

EXPEDICION DE DIEGO DE ALMAGRO.

La conquista de Chile fue consecuencia directa del asentamiento de los españoles en el Perú, convertido en un dinámico centro de expansión.
Problemas suscitados entre Francisco Pizarro, conquistador del Imperio Inca, y Diego de Almagro, su socio, impulsaron a éste a la conquista del sur, acompañado de los menos beneficiados en la conquista peruana.
Cerca de diez mil hombres, con mayoría de indios auxiliares, unos cuatrocientos españoles y un centenar de negros formaron la expedición que partió del Cuzco en julio de 1535. El camino seguido fue el del altiplano, la Cordillera de Los Andes y el descenso al valle de Copiapó a través del paso de San Francisco. Fue una travesía larga y penosa, que cobró muchas vidas y produjo grandes pérdidas materiales.
Finalmente, los que sobrevivieron establecieron su centro de operaciones en el Valle del Aconcagua. Desde aquel punto, diversas expediciones salieron a recorrer el territorio. Una de ellas, en las cercanías del río Itata, se enfrentó por primera vez con los araucanos en el combate de Reinohuelén.
Prontamente, la carencia de oro en las magnitudes deseadas y la presencia de población indígena belicosa y difícil de someter, se convirtieron en las causas principales y más inmediatas de la desilusión de estos españoles.

Así se determinó el retorno al Perú, a través del desierto costero. En los primeros meses de 1537 la hueste llegaba a las cercanías de la ciudad de Cuzco.
La oposición entre los bandos de Pizarro y de Almagro se acentuó con su regreso. Luego de la batalla de Las Salinas (abril de 1538), el fracasado conquistador de Chile fue ejecutado por sus enemigos.

EXPEDICION DE PEDRO DE VALDIVIA Y CONQUISTA DE CHILE

Tras la derrota de los almagristas y el triste recuerdo dejado por su incursión al sur del Imperio Incaico, resultó sorprendente la petición hecha por Pedro de Valdivia en orden a ser autorizado para conquistar el territorio de Chile.
Valdivia era un militar prestigioso que ostentaba el grado de Maestre de Campo. En Perú había alcanzado una buena posición económica y sus méritos le valían el respeto de sus superiores. En él se conjugaba el cúmulo de motivaciones que caracterizaban, de una u otra forma, al conquistador español. Valdivia deseaba, por sobre todo, cubrirse de fama y gloria. Tal fue uno de los principales motivos que guiaron su empresa.
En algunos meses, obtuvo el financiamiento necesario y organizó una pequeña expedición, compuesta sólo de diez hombres y una mujer, Inés de Suárez.
La ruta seguida por Pedro de Valdivia fue la del desierto de Atacama, hasta llegar al valle del Mapocho. Las bondades de la tierra y el clima, unida a la abundancia de población indígena, le instaron a quedarse.
Así, el 12 de febrero de 1541 dispuso la fundación de Santiago. La ciudad fue trazada teniendo como centro la Plaza de Armas, circundada por los solares que albergaban a la población española.
Menos de un mes más tarde se constituyó un cabildo, antiguo organismo español encargado de la administración de justicia y de cumplir funciones edilicias. Dicho cabildo se encargó de nombrar gobernador de Chile al propio Valdivia.

Prontamente la ciudad se diseñó como núcleo de defensa, administrativo y eclesiástico. Aparte del sector urbano, Santiago comprendía las enormes extensiones de tierras aledañas. Sus conquistadores, por tanto, podían recibir variadas recompensas: un solar, una chacra, una estancia o una hacienda. El reparto de tierra recibió el nombre de Merced de tierras. Se otorgaba en razón de los méritos y servicios del agraciado y era un beneficio perpetuo.

Sin embargo, en septiembre de 1541 un sorpresivo ataque de indígenas comandado por Michimalonco dejó en ruinas la incipiente ciudad. Sólo la ayuda enviada por el Perú hizo posible salvar la situación y continuar el proceso de conquista: en 1544 se fundó la ciudad de La Serena; en 1550, Concepción; en 1541, La Imperial; Valdivia y Villarrica en 1552; Angol, en 1553. Otra forma de avances la constituyó la fundación de fuertes, como el de Copiapó (1545), Arauco y Purén (1553), en los territorios más conflictivos.

2 comentarios:

rafael dijo...

miren mamahuevos esa mierda no sirve no esta nada de lo q busco marditos no hacn nada bien mamahuevos

Azfael dijo...

muy buen aporte, bien completo, algo extenso, pero bien detallado, gracias, mi prima pequeña se los agradecerá :)